El lado que cuenta
(Contracolumna)
El 2006 le abrió paso a una de las figuras más cuestionadas y sobre la cual se han tejido voces de diferentes lados, acusándola y aprobándola: La reelección presidencial. La dividida izquierda colombiana encabezada por Antonio Navarro Wolf, que entre otras se cansó del “Polo”, y Gustavo Petro, alzaron su voz en contra de la figura de la reelección presidencial; deshaciéndose en reclamos y vituperios que finalmente no impidieron que ésta fuera aprobada por el congreso y posteriormente recibiera el aval de la Corte Constitucional.
Y ya se han dejado oír las voces de protesta en contra de la posibilidad de la reelección de Uribe. Se ha denunciado, ya casi como lánguido signo de desesperación, que no puede decirse que “Colombia ganó”, por la aprobación de dicha ley ya que las “minorías” excluidas, por tanto fuera de las “mayorías”, no se sienten ganadoras.
La desesperación que vive el país no pasa por el cuento de una posible reelección presidencial. Cada cual quiere su pedazo de la torta y hasta ahora no se ha inventado un modelo menos injusto que el democrático. Porque vale decir que la democracia no necesariamente es justa, aunque sería mucho más injusto, y sobre todo peligroso, que las minorías tuvieran en sus manos los hilos del poder. Entonces todo quedaría reducido a una especie de autocracia ejercida por las minorías, no necesariamente excluyente pero con posiciones peligrosas para la autodeterminación de los pueblos.
Si las Instituciones no funcionan, si el país se sigue desencontrando en una guerra entre los mismos ciudadanos a favor de unos y otros, el país entero seguirá perdiendo, ya no las minorías. Una democracia participativa tiene derecho también a contar con la figura de la reelección.
